Sin ningún afán de palabradurías, con más cosas que relatar que contar, pues los cuentos son irreales, las verdades sinceras y las sílabas, en la magia de su son, como agua vierten desde lo más hondo de mi yo. He aquí mi pequeña creación.

sábado, 21 de mayo de 2011

La Sepultura del Lobo

Las amargas veces en que se entrelazan las hogueras infernales y los solsticios apabullantes es cuando se generan estas historias tan llenas de dolor y misterioso resplandor.
Caminante, pequeño y fornido, con no más de un metro y medio de estatura, ojos verdes, gruesos labios y ahuecados pómulos. Con cada paso dejaba una sutil bruma flotando en el aire, se aproximaba a aquel sitio tan familiar y distante a la vez, su antigua casa, ese lugar colmado de recuerdos, de alegrías y más que todo penas, no puede negarse cuanto le pesaban aquellos dolores. Entra, ráfagas de polvo inundan su rostro, aquel charquito de peces sobre el mesón estaba lleno de arácnidos, todo es lúgubre. Camina, da pasos agigantados sobre sus recuerdos. Se sienta, contempla aquel panorama oscuro. Toma su cabeza con ambas manos, estrechándola, ahuecándola y vienen la seguidilla de imágenes: noche estrellada, velada familiar, todos duermen, hombre fornido, grande, peludo, ser arrastrado hacia el granero, violencia, quejidos, dolor, más dolor, mucho más dolor, oscuridad, llanto y… Vuelve a la realidad, decide soltar su cabeza, lanza un grito ahogado, corre rápidamente hacia afuera, como si algo lo llamase. Se escuchan los lobos, se siente el temor, nadie a su derecha, nadie a su izquierda, sigue corriendo entre árboles y perros que ladran, entonces detiene su agitado paso y retoma la lentitud de su andar, para tomar la pala y el chuzo, comienza a excavar profundamente, el deseo de terminar con su vida, al parecer, acrecienta la rapidez con que urde aquel hoyo en la tierra. Deja la pala de lado y usa sus extremidades, mientras las quebradizas uñas sienten el calor que proviene de la tierra o mejor dicho, de la sangre. Con sus manos toma el pelo de él, su tío enterrado vivo hace dos horas atrás, ése al que le llamaban “el lobo”.

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