Han habido veces en que nos caemos, claro, cómo no admitirlo. No hablo de esas caídas que te rasguñan las piernas o te quebrajan la piel, sino que esas que realmente duelen, las que hieren tu emocionalidad más profunda y querida. Hoy, agradezco profundamente cada una de ellas, pues entre más observo el pasado, más disfruto el presente, lo miro, lo adulo, lo agradezco como no agradecí antes.
Es tan fantástico haberse librado de tantas sonrisas fingidas, de tanta hipocresía, de tanta banalidad, de todas esas personas que no hacen más que ensuciar lo poco que nos queda de inocencia.
Agradezco a la vida por no necesitar griteríos ni palabrerías, por no buscar las palabras idóneas ni urgar en la capacidad de "subir el ego" a los demás para que me quieran o para que, por lo menos, me acepten. Agradezco por ser lo que soy, una mujer llena de defectos, de virtudes, con potencial, con amor por quienes están a mi lado, por mi obsesividad y cuántas afecciones pueda tener, pues, a pesar de ellas, soy lo que soy frente a quien se me ponga en frente y con la honestidad que me caracteriza.