Me sitúo hoy, en mi hoy, en esta calurosa noche primaveral empapada de amor y encanto. Es sábado 14 de noviembre y una fría brisa endulza mis palabras, esas que con el correr del tiempo se fueron endurenciendo y hoy han cambiado hasta mi forma de ver el mundo, aprendiendo que no es tan difícil besar sintiendo que realmente importa, que dar la mano no es firmar un contrato ridículo de obligaciones, sino que sentir que la vida me ha dado una nueva oportunidad o, mejor dicho, me ha dado la primera gran oportunidad de forjar algo hermoso en base al mútuo acuerdo de querernos tanto como no hemos querido antes, adquiriendo y reformando los sectores olvidados del corazón y de la vida, esos rincones que se oscurecieron con el daño hecho por gentes tontas y rearmado por nosotros mismos, para ahora hacerlo un complemento fascinante y concreto, lleno de luz, esa luz exquisita que nos mantiene más unidos que nunca.
Siento que renací, como nunca antes pude, como nunca antes quise, como siempre desee.
Estoy enormemente feliz.
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