Hoy me dispuse a publicar como hace meses no hacía algunas palabras de conexión clara. Recuerdo haber despertado con la luz tenue de la mañana y entre mis sueños pude encontrar el reflejo de lo que mis pupilas contemplaron al retomar la vida.
Si, he despertado con la magnificencia de los ojos que miran el correr del tiempo sin vacilaciones, entre los caminos que elegir, con el temor que caracteriza a los días de primavera cuando el verano es inciertamente posible y me siento bien, pues logro comprobar que todo este tiempo de gelidos latidos a descongelado las emociones que creí no volver a experimentar, hilando lentamente y con cautela lo que hoy se transforma en la perfecta compañía de mi soledad. No sé qué fue lo que consiguió que mi lento caminar se transformase en este estado intermedio de elección que, ciertos días, toma fuerza y me da el valor de decir y sentir lo que en el fondo he deseado, lo que me asusta, lo que me une y me disgrega, lo que logra que crea y suponga que este es el camino que quiero tomar.
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