Sin ningún afán de palabradurías, con más cosas que relatar que contar, pues los cuentos son irreales, las verdades sinceras y las sílabas, en la magia de su son, como agua vierten desde lo más hondo de mi yo. He aquí mi pequeña creación.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

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Hoy he pensado en llorar, en escribir con el corazón, hablando desde esos sentimientos que carcomen, que hacen que me cueste tanto deletrear lo que quiero contar, esos mismos que más de alguna vez me han hecho llorar y creer en no creer.
Desde aquella experiencia tormentosa, de la que ya va más de un año y medio, no he podido retomar las riendas de mi vida que creí tener seguras en las manos. Aún no logro descifrar si sucede bajo mi concentimiento o realmente me cuesta reformar mi cabeza y más que eso, mi corazón que alguna vez desnudo se entregó a aquel sentimiento del que todos hablan y pocos saben poseer. El bendito - maldito amor.
Recuerdo haber descansado en el costado de mis más hondos sentires, descarnando el papel y acurrucando las ganas en algún rincón sin más luz que la mía que se apagaba de a poco, contando de uno en dos los segundos, contrayendo el pecho para luego dispersarlo en la alfombra o en el suelo razo, dependiendo del sitio en que me encontrase.
He descubierto, con el pasar del temerario tiempo, que aquella herida sigue abierta. En momentos como este comienza a hacer su trabajo el dolor que he sentido, dando rienda suelta a mis más profundas emociones, haciendo notar así que aún no he podido olvidar todo lo padecido, contándome que me transformé en un cúmulo de huesos y arterias, con un poco de agua en la sangre y algo de hierro en el corazón.
Quizás estas sean las razones por las que cada vez que me enfrento a algo similar, parecido, cercano al amor de dos, suelo contraerme e intentar escabullirme haciendo caso a mis aficiones terrenas basadas en las opiniones de otros o las referencias que pueda tener del implicado sujeto en cuestión, pues, aunque suene como un término judicial en eso se transforma, en alguien que con el primer error deja su estado de sutileza y pasa a ser un cuasi enemigo, una persona a la que observar para lograr encontrar la mayor cantidad de errores o perjuicios que puede causar, de esta forma me autoconvenzo de que no es el indicado y vuelvo a caminar sola intentando no pensar en él y diciéndome a mí misma que está muy bien que no lo haya tomado en serio, uno más o uno menos qué más da.
He cometido el error de desconfiar de todo, de todos, quizás de creer lo que alguna vez escuché de los labios necios que me vieron nacer como mujer y amante "Daniela, nadie nunca te va a querer ni a soportar"

martes, 11 de noviembre de 2008

En muchas ocasiones hay que decidir, desde el pan que comeremos hasta el futuro que emprenderemos, es en ese lapso de la vida cuando nos sentamos, nos ponemos de pie, nos acurrucamos y buscamos ese lado incierto de la realidad que se nos hace difícil al saber que podemos perderlo todo en unos cuantos minutos, toda esa felicidad ya creada, toda la actitud forjada, todo el freno que hemos impuesto a nuestro corazón, al amor, a la vida y a todo lo que en algún momento decidimos no sentir nunca más, por los daños realizados, las marcas imborrables, los llantos nocturnos y las penas superadas pero jamás obviadas.