Sin ningún afán de palabradurías, con más cosas que relatar que contar, pues los cuentos son irreales, las verdades sinceras y las sílabas, en la magia de su son, como agua vierten desde lo más hondo de mi yo. He aquí mi pequeña creación.

lunes, 19 de mayo de 2008

En Casa

Estoy en casa, la verdad me hacía falta este espacio tan mío para volver a ser yo, con todos esos miedos que atacan las noches frías y todas las humedades que arrasan con lo que construyo y derrumbo por que quiero. Estar aquí para traer esas veces en que sé y no todo a la vez, en que prefiero quedarme sola en algún rincón vacío lleno de olores mágicos que me traigan algunos recuerdos vagos de lo que fui y soy, por que también recuerdo lo que soy cuando estoy.
A veces tengo miedo, otras tantas me consumo en alguna sutil melancolía canalizada en el humo que aspiro y boto de una vez, dos o tres, dependiendo de mi facilidad de detenerme y llover.
Escucho un poco de música y vacío mi inseguridad en algunas monedas con que adquiero lo que necesito para la paz momentánea que me da razones para explicar lo que he quebrado, quedado, armado y corrompido, son esas cosas que no sé explicar y vuelven a buscarme, cuando llueve y hay sol, cuando quiero dejar partir lo que vive en mí.
Sugiero algunas ideas sobre el destino, hablo sola a veces y me sienta bien, la verdad no me excuso de hacerlo pues es una de las formas de liberarme sin humo de por medio, reconozco aquellos asuntos pendientes que tengo, algunos que no quiero que existan y sin embargo están, son y fuertes atacan mis noches reflejantes de la vida que me entrega una y más razones para creer que la soledad es lo mío, en el fondo siempre lo fue y erré durante muchos años, hasta hoy, en que de a poco voy decidiendo qué hacer con mi destino, en el que quiero la tranquilidad necesaria para ver crecer a mis gentes en paz. Necesito el orden cerebral sin espasmos para reanudar mis redacciones de forma correcta, para alinear la correspondencia mental que a veces viene a mí, de por sí los domingos, en que es más el tiempo de llover, así podré romperme y desarmarme, ultrajarme y renovarme, lo que ya es inherente a mi tiempo, que vacila entre una y otra realidad.
Me absorben las despedidas, las doy una y otra vez, me sumo en ellas de vez en cuando, ha habido tantas en el último tiempo, una tras otras se contraen, se quedan a un lado mensajeando presagios míos y suyos, nuestros, llenos de desprecios y aberraciones inhumanas de las que he sido parte sin querer, pues me he visto inmersa en historias que no quiero recordar y son esas veces, esas despedidas las que me nublan, las que no me dejan ser y temo, temo una y otra vez a todo esto que no quiero liar a mi lado.
Al hablar con mi reflejo retomo mis añejas melodías para transformalas en canciones, nadie dijo que la melancolía debía ser negativa, la verdad me ha resultado bastante agradable un poco de ella para entender mi fantasía. Gracias por mi felicidad de hoy