Sin ningún afán de palabradurías, con más cosas que relatar que contar, pues los cuentos son irreales, las verdades sinceras y las sílabas, en la magia de su son, como agua vierten desde lo más hondo de mi yo. He aquí mi pequeña creación.

martes, 1 de abril de 2008

Ella.

Ella no sabía que escribir, prendió un cigarrillo de los lights por que la tos la tenía un poco mal, el resfrió había acabado por llevarla a la cama. Ese día faltó a clases, estaba estirada sobre su cama y repentinamente venían a su cabeza recuerdos, algunas fotos que paseaban en el espacio minúsculo de cuatro paredes, miraba el cielo, si, ella miraba una y otra vez trayendo en fulminantes flash que de a poco se iban transformando en concretas realidades.
Había una extraña brecha, inconmesurablemente amplia entre lo que fue y será, una sensación de apertura de los años y una fecha que se acercaba con el correr del tiempo, quizás ese era el segundo exacto en que cambiaría todo.
Tomó algunos papeles olvidados y los deshecho, la calma y la cama le hacían bien. Miró su reloj y mientras sonaba de fondo una melodñia ya escuchada, recordó canciones sonsacando a sí misma lo que sucedía.
Esa noche no quería dormir, pero el sueño la vencía, pasaban rápido y lento los segundos en el reloj de cuerda que estaba a su lado, no, al parecer se habia roto la manecilla que unía los tiempos. Una sinfonía universal, una canción completamente diferente sonaba ahora, algo no antes escuchado pero si anhelado. La inspiración no estuvo en ningún momento, no siempre podía verbalizar lo que quería contar, por eso soñaba consigo misma y jugaba a que sus sueños fuesen realidad en esas noches oscuras claras que movían sus recuerdos.
Ella se levantó y se fue, nadie sabe bien dónde está ahora, dio un paso, retrocedió y se devolvió a preguntar, pero nadie nunca supo qué preguntó.
La verdad, no me gustaría saber lo que ella quería, tampoco lo que soñaba ni la melodía que escuchaba, la vida ajena no es parte de mis intereses, ojalá algún día a alguien le importe, por ahora habrá que dejarla soñar, ¿cierto?