Como un trozo de escarcha hilvanado en el tiempo se cobija en los recuerdos, ese temor inmenso no sale de sí, no quiero nada, sólo correr por espacios pequeños grandes, quiero salir de aquí.
Ya no es capaz, si confesará todo aquello vivido, si pudiese desahogar los temores completos, si alguien le explicara el por qué de todo, un perdón bastaría para comenzar nuevamente. La inspiración se ha ido, completamente absurdo es todo. Temo, temo, temo.
Simplemente ¡quiero que se vaya todo a la grandísima mierda! en conjunto con ese impertérrito fantasma que no deja de atormentarme y de mezclar mi rabia con odio, que no puede desaparecer completamente y que deja en mi los peores recuerdos de algo que algún día viví.
Yo sé que nadie merece esto, yo sé que no, pero lo odio, lo detesto más que a todo y a ese otro ser chiquitito, complejo, diferente y bondadoso, a él si podría quererlo, quizás pudiese volver a amar, pero en eso está confiar y quién puede querer con tanto odio dentro, quién puede confiar.
El amor quita el odio, el amor como sentimiento y como realidad, pero no quiero, no me atrevo y cierro las puertas de ese corazón lapidado por el espacio.
Quizás puedas abrirlas y reanudar mi capacidad humana de querer o quizás no suceda, preferiría morir en este instante que dañarlo a él, tan sencillo, tan querido, tan bueno.
Es eso, él tan bueno, tan preocupado. Yo tan temerosa, tan retisente.
A ese otro él quiero escupirle la cara y reirme de eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario