Sin ningún afán de palabradurías, con más cosas que relatar que contar, pues los cuentos son irreales, las verdades sinceras y las sílabas, en la magia de su son, como agua vierten desde lo más hondo de mi yo. He aquí mi pequeña creación.

lunes, 29 de octubre de 2007

Esta vez

Una grieta abierta en los confines de una era
Una excusa, un sentimiento impropio
De a poco seca la sentimentalidad
los versos pesan menos que un beso

Una palabra que viene a mi ventana
elimina la vanalidad humana
nuevamente rompo a llorar
y abrazo mis brazos en un estrecho cobijar

Observo el caminar aletargado de un ente olvidado
entre alcohol y otras bebidas fantasiosas
suspiro al viento esta canción
que no tiene emoción

Pero me subo a algún callejón
en la misma bicicleta que ocupé
y salto entre las piedras asaltando sentimientos
para dejarlos partir al próximo día

En mis vestigios quedó tu odio a mi llanto
tus palabras necias, tu odio insensato
por todas esas cosas que sabías
pero que tu incapacidad no dejaba escapar

Me olvidó de sufrir sin poder dormir
de mi pasajero viajero
no quiero recuerdos vanos de mentiras piadosas
las manos que se dan la mano no sirven esta noche.

La Puerta

Una silueta añeja que enreda la luna
en los párpados escondidos de los rincones sin luz
despojándome de las alas encuentro
el sillón vació de alguna habitación

La hierba quema mis entrañas adoloridas de tanto creer
confieso que por un momento atesoré confesiones invernantes de amor
copilé astucias de mis enceguecidos momentos felices
contando los segundos de la perfecta imperfectidad fantástica

Cruzo los momentos de uno en dos
recorriendo las sendas desesperada, temor
la manzana putrefacta en textura
anida las canciones de las relaciones difusas

Quiero abrir la puerta que golpea el universo nuevo
esconder las cuartas entrañas de lo que no digo
amanecer regocijada en tus brazos
sentir, puedo sentir

Encontrar en aquello la perfectidad de lo irreal
caminar con pasos firmes bajo el arrebol
medir la cintura de tu cuello fantasmal
contrayendo comunión en tu realidad

Caminar sin medir los pasos,
evocando la figura de lo que fui en tiempos antaño
reemplazando lo que nos cuesta la vida
cobijando tus manos

Sin embargo, palpo el reflejo de lo que ha sucedido
trayendo a la memoria la lluvia de las pupilas
que se ensangrientan al pensar confidencias de lo mío
lo mío abandonado en lo suyo

Dobles dolores palpan las puertas
cierro mis alas nuevamente
sentada en mis ojos cobijo aquello que no he perdido
y lo rescato entre ventanas soleadas en realidades no ajenas

.

Atesoro momentos complejos, distantes, me envuelvo en ellos como una niña a sus juguetes, tengo miedo de todo esto, alguien secó mis trozos escondidos para no volver.
Miro esas hojas volátiles, escurridizas, en ocasiones quiero medir el tiempo junto a ellas, encontrar las siete llaves de lo eterno y abrir esas puertas infinitas, pero no creo poder hoy, quizás en espacios paralelos alcanzaré la cuna de lo prohibido.
Los resquicios de mi alma están dañados, no se vierte el amazonas por las arterias difusas, por eso miro los árboles y me escondo en ellos, por eso reflejo mi no reflejo en el agua sucia de algún río y tengo miedo, constantemente más se apodera de mí.
Él, tan puro y candente frente a mí, la gris lluvia que deja el invierno mojado, quizás nunca podrá comprender mis delirios, quizás hice mal a su interioridad, pero hoy creo que no puedo más con esto.
El tiempo se escurre como la marea en el reloj que suena en el pedestal, me cuesta un tanto mirar a los ojos aquello que insita a los prohibido y no fundamental. Me sentaré en alguna plaza a beber un café, esfumare el espacio para mi personal realidad contando en él los trozos perdidos de lo no olvidado.
Cruzo mis brazos al pecho, abrazo su alma pura completa, no quiero derramar su agua, ni despedidas ni lágrimas falsas, no quiero nada.
Y me desahogo aquí, de la forma predilecta perfecta de decir, complemento este mundo con la realidad enceguecida por algún cementerio del que me acuerdo.
Pretendo acabar con esto.

miércoles, 10 de octubre de 2007

...

Como un trozo de escarcha hilvanado en el tiempo se cobija en los recuerdos, ese temor inmenso no sale de sí, no quiero nada, sólo correr por espacios pequeños grandes, quiero salir de aquí.
Ya no es capaz, si confesará todo aquello vivido, si pudiese desahogar los temores completos, si alguien le explicara el por qué de todo, un perdón bastaría para comenzar nuevamente. La inspiración se ha ido, completamente absurdo es todo. Temo, temo, temo.
Simplemente ¡quiero que se vaya todo a la grandísima mierda! en conjunto con ese impertérrito fantasma que no deja de atormentarme y de mezclar mi rabia con odio, que no puede desaparecer completamente y que deja en mi los peores recuerdos de algo que algún día viví.
Yo sé que nadie merece esto, yo sé que no, pero lo odio, lo detesto más que a todo y a ese otro ser chiquitito, complejo, diferente y bondadoso, a él si podría quererlo, quizás pudiese volver a amar, pero en eso está confiar y quién puede querer con tanto odio dentro, quién puede confiar.
El amor quita el odio, el amor como sentimiento y como realidad, pero no quiero, no me atrevo y cierro las puertas de ese corazón lapidado por el espacio.
Quizás puedas abrirlas y reanudar mi capacidad humana de querer o quizás no suceda, preferiría morir en este instante que dañarlo a él, tan sencillo, tan querido, tan bueno.
Es eso, él tan bueno, tan preocupado. Yo tan temerosa, tan retisente.
A ese otro él quiero escupirle la cara y reirme de eso.