Sin ningún afán de palabradurías, con más cosas que relatar que contar, pues los cuentos son irreales, las verdades sinceras y las sílabas, en la magia de su son, como agua vierten desde lo más hondo de mi yo. He aquí mi pequeña creación.

lunes, 27 de agosto de 2007

Ella sonrío hoy, miró los pajaritos, esbozo alegría al ver las nubes que lloraban, pues ya no lloraba ella, ya no podía. Se embriagó, marcó un número y se arrepintió a tiempo, antes de que conectara su teléfono, supo que ni la pena más grande ni el amor más sensato podrían complacer a quien sabía que no la quería, resguardó sus sentimientos y volvió a caminar, más rápido, más constantemente, más inerte el viento que ella que puede manejar lo que siente.
Ya sabe que sólo recuerda, que no es querida, ya sabe que no tiene nada más que hacer en ese corazón lejano, ajeno y diferente.
Hoy no quiere más, hoy ya no ama a aquel existente, sino al inexistente ser que cruzó por su vida de una forma muy especial, al que le dio amor, paz, protección, tranquilidad y fuerza para esquivar todos los problemas, con él aprendió a ver el sol y reflejó en su rostro el amor sensato, el complemento de su vida que quedaba vacía sin aquella risa, mirada, sonrisa, vida y alma. Supo que toda la vida que restara amaría a ese humano, que nunca podría olvidar su corazón desnudo la primera vez en que vio su alma y su cuerpo en un sólo ser, porque eso si existió aquel momento férreo, fraterno en el que se entregó como nunca antes había hecho. Mientras lloraba su muerte, fumaba nuevamente y gobernaba todo lo ajeno, todo lo lejano, a sabiendas de que jamás volvería a verlo, pues el fallecimiento era certero.
A pesar de que amó todo de él, hoy no lo odia por haber muerto, sino que le da gracias por ser el primer y único amor, y donde esté, en el lugar que se encuentre, lejos, cerca, quiere que lo mejor sea su destino, que encuentre la luz que en ella no pudo y que esa estrella que le entregó, le sirva de guía para todos aquellos quehaceres nuevos.
Sabe que siempre amará aquel recuerdo cubierto de luto el día del adiós, pero ya no a él.
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domingo, 26 de agosto de 2007

Hoy comencé

Hoy, dentro de las desesperanzas ya vividas, me senté a observar nuevamente el amanecer desde aquella ventana, que como ya dije, conoce tanto de mi. Contaba cuentos al aire, quizás resquebrajando su inocular masa pudiese tener una nueva idea para respirar, pero noté que ya no necesitaba de él, ni de ese otro él.
No siempre podía entender aquellas señales inadecuadas que mandaban mis entrañas, hoy, ayer, antes, si pude, ya no es tiempo, la aurora se llevo el aliento y miré la lluvia que no caía ya en mi, sino afuera.
Sólo me resta dar gracias al cielo por haberme enseñado mucho de esos temas humanos-divinos en tan corto tiempo y a sonreír nuevamente y cada vez más, mencionar que la página se cerró y que por fin puedo decir que ya no siento algo de lo que sentía, sólo un gran cariño que se ha ido apagando con los recuerdos y que, por respeto, puedo mantener en alguna parte de mí.
Hoy (y también un poco antes de ayer, de anteayer y de antes antes de ayer), después de cinco largos y lúgrubres meses, por fin comencé.

Muerte de ti

Aquel licor de paz bebido se ha ido
No existe la imagen de aquel
Muerta el alma de él
Muertas entrañas, llévense las ansias
Los buitres rondan su alma inexistente
Su cuerpo con sin vida
Enferma el pecho, remuerdes
Apuñalas atisbos de tu verdad hecha incierta
Trozo de cuervos, ángel demonio
Proyecto de no ser, nido alado de mentiras
Desgreñas lo inherente a ti
Yace en tus entrañas lo que ya no existe
Desasosiego inmenso de cuentos sin verso
Vete con abril, siempre de aquí
Que mi vida así es feliz
Cantan golondrinas, suena el campanil
Con cada minuto, en cada estación
Se refleja mi odio, mi rencor
La vida cobra al injusto, al malhechor
Pagar viviendo sufrirás
Las horas sumarán
Y mi calma, mi cama
Soplido inerte del tiempo
Al fin renacerá.